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Geotermia: la energía limpia que Chile sigue postergando

Ayaz Alam

Ayaz Alam

Director, Colegio de Geólogos de Chile

Director, Sociedad Geológica de Chile

Presidente, Centro de Estudios de Minerales Estratégicos y Críticos de Chile (CEMEC)

Subdirector VIME, Jefe de Carrera de Ingeniería Civil en Geografía, Presidente de la Comisión de Jerarquía Académica, Académico (Profesor Asociado), Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental, Facultad de Ingeniería, Universidad de Santiago de Chile (USACH)

Chile suele presentarse ante el mundo como un laboratorio de energías renovables. Y no sin razón: el país ha logrado avances notables en energía solar y eólica. Sin embargo, bajo esa narrativa exitosa se esconde una paradoja difícil de justificar: Chile posee uno de los mayores potenciales geotérmicos del planeta y, aun así, la geotermia sigue siendo una energía marginal en su matriz. No por falta de recurso, ni de conocimiento técnico, sino por falta de decisión estratégica.


El reciente reportaje emitido por TVN, en lo cual participó este autor, vuelve a instalar una pregunta que el país evita enfrentar con seriedad: ¿por qué la energía geotérmica no ha sido desarrollada de manera sistemática en un territorio marcado por volcanismo activo, gradientes térmicos excepcionales y necesidades energéticas crecientes?


La geotermia tiene atributos que ninguna otra fuente renovable puede ofrecer simultáneamente: es limpia, continua, predecible y local. Aporta energía de base al sistema eléctrico, reduce la dependencia de combustibles fósiles y no requiere grandes superficies ni almacenamiento masivo. En un sistema eléctrico cada vez más dominado por fuentes intermitentes, su valor estratégico es evidente.

 


Campo geotérmico El Tatio (Fotografía: Ayaz Alam)
Campo geotérmico El Tatio (Fotografía: Ayaz Alam)

Chile cuenta con más de tres mil volcanes y sistemas volcánicos, y un potencial geotérmico estimado entre 3.500 y 16.000 MW. Sin embargo, hoy solo existe un proyecto de generación eléctrica en operación: Cerro Pabellón, en la Región de Antofagasta. Un logro tecnológico relevante, pero absolutamente insuficiente frente a la magnitud del recurso disponible y a los desafíos energéticos del país. La explicación no es técnica. Es política e institucional.


GEOTERMIA: RESPONSABILIDAD DEL ESTADO, NO DEL GOBIERNO DE TURNO


El desarrollo geotérmico no puede depender de la voluntad o prioridad de un gobierno específico. Por definición, se trata de una actividad intensiva en capital, de alto riesgo inicial y con horizontes de retorno de largo plazo. Estas características la hacen incompatible con la lógica de corto plazo que domina los ciclos políticos. Aquí es donde resulta clave el principio de responsabilidad y proporcionalidad del Estado. Si los beneficios de la geotermia como seguridad energética, reducción de emisiones, desarrollo regional y soberanía energética son colectivos y estructurales, entonces es proporcional que el Estado asuma el liderazgo en las etapas donde el riesgo excede la capacidad del mercado: especialmente la exploración temprana y la perforación profunda.


Pretender que el sector privado asuma por sí solo el riesgo geológico equivale, en la práctica, a renunciar al desarrollo geotérmico. Esto no es una falla del mercado circunstancial, sino una falla estructural, ampliamente documentada a nivel internacional. Por ello, en los países donde la geotermia ha prosperado, el Estado no actúa como espectador, sino como habilitador: genera información geológica, financia exploración, reduce incertidumbre y luego abre espacio a la inversión privada.


Hablar de una política de Estado en geotermia no significa estatizar la industria. Significa definir roles claros y estables: el Estado asumiendo el riesgo que el mercado no puede absorber; el sector privado desarrollando y operando proyectos una vez confirmado el recurso; y una institucionalidad técnica fuerte que garantice estándares ambientales, transparencia y continuidad más allá de los cambios de gobierno. Mientras la geotermia siga tratándose como un tema accesorio dentro de la agenda energética, seguirá atrapada en proyectos piloto y anuncios inconclusos.

 


Perforación geotérmica (Fotografía: Ayaz Alam)
Perforación geotérmica (Fotografía: Ayaz Alam)

TURQUÍA: UN MODELO CONCRETO Y REPLICABLE PARA CHILE


El caso de Turquía demuestra que otra trayectoria es posible. En poco más de una década, Turquía pasó de tener una participación marginal en geotermia a convertirse en uno de los líderes mundiales en capacidad instalada. Este avance no fue espontáneo ni resultado exclusivo del mercado: fue el producto de una estrategia estatal deliberada, sostenida y técnicamente orientada. El Estado turco asumió un rol activo en la exploración inicial, financiando estudios geológicos, geofísicos y perforaciones exploratorias. Al reducir el riesgo geológico, logró atraer inversión privada a gran escala bajo reglas claras y estables. La geotermia dejó de ser una apuesta incierta y se transformó en un sector energético competitivo.


Además, Turquía integró la geotermia a su desarrollo territorial. No se limitó a la generación eléctrica, sino que impulsó de forma decidida los usos directos: calefacción distrital, agricultura bajo invernadero, secado industrial y turismo termal. Esto permitió crear empleo local, valor agregado y aceptación social, aspectos cruciales para la sostenibilidad de largo plazo. Chile comparte con Turquía condiciones estructurales evidentes: alto potencial geotérmico, regiones con necesidades térmicas insatisfechas, dependencia energética y urgencia climática. Adaptar el modelo turco al contexto chileno con estándares ambientales más exigentes y mayor participación territorial no solo es viable, sino estratégico.


GEOTERMIA, HIDRÓGENO VERDE Y CAPTURA DE CARBONO: UNA SINERGIA ESTRATÉGICA


La geotermia no solo debe entenderse como una fuente aislada de energía, sino como un habilitador tecnológico clave para otras soluciones climáticas estratégicas, particularmente el hidrógeno verde y la captura y almacenamiento de carbono (CCS). La producción de hidrógeno mediante electrólisis requiere un suministro energético continuo, estable y de baja huella de carbono, condiciones que la geotermia cumple de manera excepcional. A diferencia de la electricidad solar o eólica, la energía geotérmica permite operar electrolizadores de forma constante, mejorando su eficiencia, reduciendo costos operacionales y extendiendo la vida útil de los equipos. Asimismo, el calor geotérmico puede emplearse directamente en procesos termoquímicos avanzados para la producción de hidrógeno, abriendo oportunidades que hoy permanecen subexploradas en Chile.


Por otra parte, los sistemas geotérmicos profundos ofrecen condiciones geológicas favorables para proyectos de captura, uso y almacenamiento de carbono, especialmente en reservorios salinos profundos y formaciones volcánicas fracturadas, donde la inyección y mineralización del CO₂ pueden integrarse a esquemas de manejo del subsuelo ya conocidos por la industria geotérmica. Esta convergencia de la energía limpia, producción de hidrógeno y gestión del carbono permite concebir hubs energéticos integrados, particularmente relevantes para regiones mineras e industriales, donde la descarbonización no puede lograrse únicamente con electrificación convencional. En este contexto, la geotermia deja de ser una energía complementaria y pasa a convertirse en un pilar estructural de una economía climáticamente neutra, con un rol que Chile aún no ha decidido asumir plenamente.


UNA DECISIÓN QUE YA NO ADMITE POSTERGACIONES


Chile enfrenta una transición energética que no puede seguir basándose únicamente en soluciones parciales. Sin energía de base limpia y confiable, la descarbonización será incompleta y frágil. La geotermia no es una promesa futurista: es una oportunidad concreta, disponible hoy, bajo nuestros pies. La geología ya hizo su parte y sigue haciendo lo necesario. Ahora corresponde que el Estado haga la suya. Convertir la geotermia en una verdadera política de Estado no es una opción ideológica, sino una decisión técnica, estratégica y responsable con el futuro energético del país. Así que, la energía geotérmica no necesita más diagnósticos; necesita decisión. Chile tiene el recurso bajo sus pies. La pregunta es si tendrá la voluntad de aprovecharlo.



 
 
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